En fin, volvimos a las 6, dormimos abrazados en el sillón un ratito (anoche vimos "antes del amanecer, la primera, y eso nos aportó romanticismo ponele) y 8:45 salimos, la llevé al laburo y me mandé atravesando la ciudad por la (yo digo LA, los platenses dicen EL) diagonal 80, creo. Aparecí en una tranquera cerca de 72, ese boulevard amplísimo que va cambiando el número y delimitando el casco urbano de La Plata por los cuatro costados, 72 vendría a ser el extremo sur. De a poco me oriento. Bueno, ya va un año y medio acá, loco sería que no me orientase.
Crucé la tranquera y estacioné. Me acerco a la garita, donde había otra valla y le pregunto al guardia, en realidad un gordo de bigotes de jean y campera, sin insignia alguna, si conocía a un tal Gustavo. Yo estaba tan en bolas como vos que me estás leyendo, o sea, no sabía dónde me metía. El tal Gustavo laburaba en Correo Argentino pero ahí ya no había lugar para meter a laburar una camionetita, de todos modos me había dicho que le pegara un tubazo unos días después, que "con esto de las elecciones seguro sale algo". Eso era todo lo que sabía.
El guardia me estaba por responder cuando aparece de atrás mío un flaco alto con unas carpetas bajo el brazo y le dice, "dejá, yo lo llevo", tras lo cual cruzó la valla sin mirarme siquiera, tal vez creyéndose irresistible. Mientras lo seguía caminando dos pasos atrás como una esposa iraní pensaba cómo matar el silencio de esos quince, veinte metros eternos. El flaco me ganó de mano "venís a ver a Gustavo, eh". Y sí, yo iba a ver a Gustavo, te lo dije hace cuatro metros si mal no me acuerdo "sí, tenía que venir ayer pero se me complicó y bueh..."dije como si le importara a alguien, mientras entrábamos al galpón.
El galpón era de ésos galpones ferroviarios, de cincuenta metros de largo por quince de ancho, techo de chapa, en el suelo un senderito pintado prolijamente con pintura amarilla y en el fondo, al menos cincuenta personas trabajando en diez metros cuadrados. Estaban armando cajas de cartón. Cuando me acerqué un poco más me pareció que eran urnas. Cuando miré hacia los costados me di cuenta de las pilas descomunales de urnas sin armar que llenaban el depósito. Donde pusieras un ojo, había una urna. Armada o sin armar. Me destaqué haciendo una increíble observación al flaco que me arriaba ahí donde estaba Gustavo:
-"Estas son todas urnas, eh?"
-"Seh, todas urnas son"
-"Terrible, pero son una banda! hay urnas para toda la provincia acá?"
-"Sí, son todas las urnas de la provincia, acá hay 35 mil urnas"
-"Uoff, qué de urnas"
Luego de emular junto al flaco alguna de aquéllas conversaciones entre Freud y Jung, entré a una oficinita y ahí había un tipo sentado atrás de una notebook. Tenía una cara de Gustavo que volteaba. Lo corroboré preguntándoselo y dándole la mano. "Hola, soy Juan, quedé con vos en venir ayer pero se me complicó" como si le importara a alguien, otra vez. Gustavo me pidió que lo espere, que ya me atendía, tras lo cual no supe bien que chota hacer. ¿Me quedaba parado adelante del escritorio mientras Gustavo hablaba con el flaco de cualquier pelotudez? ¿Me iba de la oficina para pispear un poquito a los armadores de urnas? Eran hombre y mujeres, unos armaban, otros pasaban pegamento,otros pegaban un papel en un costado, todos tomaban mate, charlaban divertidos y escuchaban un rock horrible que si no era Callejeros pegaba en el palo. Me daban curiosidad, pensé en La Piba, quise sacar una foto para mostrarle pero me dió la sensación de estar practicando espionaje y me quedé en el molde, con un pie adentro y otro afuera de la oficinita hasta que Gustavo se dignó a atenderme con la calidez que solo un empleado de correos puede tener. Si hasta Flanders los odia. Me pidió los datos, los anotó en una papeleta, me dijo que no intente laburar en Andreani porque ahí no pagan y que tampoco pruebe en Correo Argentino ya que no hay lugar para más camionetitas, me repitió. Por ende la única salida era Gustavo, haciendo vaya a saber qué porque "las urnas se reparten en camiones, pero con la Fiorino seguramente te necesiten para hacer algún mandado, algo así". La palabra "mandado" fue un gol de Quilmes que me mandaba al Nacional B, 35 años y "laburo haciendo mandados" tampoco me cerraba. No se quedó ahí Gustavo; cuando le pregunté "pero tenés idea de lo que puedan pagar, masomeno?" se encogió de hombros, negó con la cabeza y me repitió apoyando la palma en la papeleta con mis datos "nosotros te vamos a llamar, ya tenemos tus datos"
Espero ansioso. O no.
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