viernes, 5 de julio de 2013

Monotributaciones parte I

Sin dudas uno de los aspectos más dolorosos de convertirse en adulto es cuando te das cuenta de que luego de esquivar el bulto por años, un día tenés que enfrentarte a la AFIP. Y no lo digo como evasor de impuestos, claro, sino como negado a la hora de realizar tarea matemática alguna, ya desde mi tierna infancia, costumbre que jamás abandoné con el paso de los años y me obliga a realizar confesiones que en un momento eran divertidas y hoy son patéticas; no sé dividir, no sé multiplicar, no sé cómo poronga se saca un porcentaje, aunque me lo han explicado 250 veces a lo largo de la vida. Y no sólo eso, además me produce un sarpullido horrendo la mención de términos como arancel, tributo, exención de ganancias etc etc.
Es en estos momentos, cuando uno debe ingresar por vez primera una oficina de burocracia impositiva, es cuando uno añora fuertemente la niñez, aún los momentos más crueles, como la visita al dentista. Ahí por lo menos habían juguetes, hechos mierda pero ahí estaban y si el consultorio era muy pobre al menos habían revistas,que se yo, uno se entretenía con cualquier pelotudez. En la AFIP la única manera de entretenerte es contar los tubos de luz quemados, ver la tele muerta en TN con Mirta Tundis hablando de aportes previsionales, y mirar las paredes de durlock hechas mierda del roce constante de burócratas . Hagan algo, no sé, pongan un abaco así los más inmaduros aprendemos a contar.
Se me ocurrió resaltar cada una de las palabras espantosas relativas a la burocracia para que ud querido lector sienta en carne propia las aberraciones del lenguaje administrativo.
Y ahí vamos entonces, fui a la AFIP a gestionar mi inscripción al monotributo con DNI y un servicio a mi nombre tal como me dijeron pero no, ahora dicen que necesitan otra constancia de domicilio por lo que tengo que ir al registro civil a tramitarla. Intenté una defensa del tipo "mi DNI tiene mi domicilio" pero fue como ver a un cadete de la escuelita de tenis tirándole una volea a Federer. El "no sirve" fue implacable. Gracias señora.
Esta historia continuará.

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